Desorden y la satisfacción de un sueño cumplido

27.04.2018

Quizás, hablar de que te han concedido un premio no se una buena forma de darse a conocer. Quizás, solo sea un ejercio de sobervia que alimenta el ego de esta escritora novata. No lo sé, pero para mí es un ejemplo de cómo trabajar con tesón tiene su recompensa y, eso, si que podría servir de ejemplo.

Desorden es mi tercera novela. Escribir es un trabajo solitario, complicado y largo. Escribir Desorden me llevó casi dos años. Pensarla, definirla, plasmarla, mimarla y, finalmente, atreverme a enseñarla a otros ojos que no fuesen los míos, me costó. Cuando decidí mandarla a un concurso de novela romántica, jamás pensé que llegase tan alto. No por que no creyese en ellos; para mí son un diamante bien pulido capaz de deslumbrar a cualquiera que se arrime a mirarlo. Más bien fue por que cayese en una especie de top manta de novelas y... no quería eso para ellos. Los había mimado, cuidado hasta casi rozar la locura y necesitaba que brillasen. Pero lo hicieron, y ¡vaya si lo hicieron! Como solo ellos saben hacerlo, entre una legión de historias fueron los finalistas y me demostraron que valían, que habían llegado para quedarse y que el trabajo ya estaba hecho. 

Para eso sirve u premio, para fortalecer al escritor y demostrar al lector que aún hay tiempo y esfuerzo detrás de esas letras. 

Ahora, cuando ha pasado un año y puedo verlo todo con algo de perspectiva, no me arrepiento. Volvería a mandar mi Desorden al fin del mundo si hiciese falta, para que demostrara cuánto hay dentro de esas quinientas y pico páginas de historia de amor y qué son capaces de hacer con los sentimientos.

Me han dado fuerzas, ánimo y capacidad para creer que se puede. Para eso sirve un premio, para creer que aún se puede.